viernes, 7 de septiembre de 2018

La lingüistica indoeuropea

Se descubrió la relación entre algunos idiomas idiomas asiáticos y europeos, y entre ambos grupos entre si, a finales del siglo XIX. Sin embargo, desde mucho tiempo atrás, algunos hombres adelantados a su tiempo vieron que algunas lenguas morían pero dejaban descendencia, como si fueran seres humanos o animales.
En el siglo I de nuestra era, los registros históricos revelan que los pueblos asentados desde las orillas del Atlántico a la India hablaban lenguas relacionadas entre sí. Estas son las lenguas indoeuropeas cuyos orígenes pueden ser rastreados hacia atrás hasta un antepasado común, que fue hablado en algún lugar de Eurasia hace unos 6.000 años. Llamamos a ese pueblo que habló ese lenguaje primitivo indoeuropeo o proto-indoeuropeo. No tenemos ningún nombre propio para ellos, así que les adjudicamos un nombre geográfico.
Los proto-indoeuropeos no dejaron apenas rastros, así que no tenemos ni huesos, ni cráneos, ni herramientas. Por este motivo es muy difícil encontrar el Urheimat, el lugar de origen.
Por una vez, un mito religioso tendría algo de razón. Hablamos de la Torre de Babel. Este es un mito judeocristiano que tiene mucha antigüedad y quizás está basado, en parte, en hecho reales. La Torre de Babel, de haber existido alguna vez, sería un zigurat muy alto. Un zigurat es una torre escalonada en cuya cumbre se instalaba un templo. Era típico de la civilización de Babilonia. De momento a la Torre de Babel se la identifica con el zigurat llamado Etemenanki. Pero no nos interesa tanto los zigurat, ni Etemenanki, ni Babilonia, sino el mito judeocristiano de la dispersión de las lenguas por todo el orbe. El mito está recogido en el Génesis, que recordemos que es el primer libro de la Biblia, pero que además pertenece a la religión judía. Copio los párrafos correspondientes a Génsis 11: 1-9 (Versión Reina Valera, 1960):

  1. Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras.
  2. Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí.
  3. Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla.
  4. Y dijeron: Vamos, edifiquemos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra.
  5. Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres.
  6. 6. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer.
  7. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.
  8. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad.
  9. 9. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.
El subrayado es mío.
Este mito tiene relevancia para el estudio de las lenguas indoeuropeas. No aporta ninguna información, pero al menos hizo que a la gente de varios siglos después no les resultara extraño que unas lenguas estaban relacionadas con otras. Es un comienzo, bueno o malo, pero un comienzo.
Federico II (1194 -1250), llamado Stupor Mundi, último emperador germánico de la dinastía Hohenstaufen y rey de Sicilia, fue el asombro del mundo. Era un intelectual que, entre otras cosas, mandó traducir numerosos textos del griego y del árabe. Su hambre de conocimientos era insaciable. Promovió la literatura mediante la Escuela Siciliana de poesía, que él mismo fundó. También escribió un libro, un tratado sobre cetrería, De Arte Venandi (“El arte de cazar con aves”). También estuvo muy interesado en la experimentación científica, pero muy al modo de su época. En una ocasión mandó encerrar a un prisionero en un tonel para ver si podía ver el alma del prisionero escapar por un agujero realizado en el barril mientras moría.

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